viernes, 5 de agosto de 2011

Eliseo Alberto (Columna de Juan Villoro en Reforma)

Juan Villoro
5 Ago. 11

En una ocasión, Eliseo Alberto me contó la inusual visión del mundo de su abuela. Aquella mujer había atestiguado de cerca la Revolución Cubana y de lejos dos guerras mundiales y la conquista del espacio. Cuando su nieto le preguntó cuál era el acontecimiento central de su existencia, ella contestó sin vacilar: "la invención de los insecticidas".

En el Caribe la vida depende de los moscos. Curiosamente, el nieto tendría la obsesión contraria. Eliseo, a quien conocimos como Lichi, descubrió su vocación cuando su padre, el poeta Eliseo Diego, tradujo La bella durmiente del bosque y sometió su versión "al tribunal de la inocencia" de sus hijos. Los niños dejaron de jugar en los columpios para oír la historia. El primogénito experimentó la magia de lo invisible que se vuelve cierto. El asombro se perfeccionó en la última línea: "Se durmió el Rey en el trono, el caballo en el establo... ¡y la mosca en la pared!". En Una noche dentro de la noche, recuerda el momento: "Sentí un vacío en el estómago... Un injustificable zumbido se instaló en nuestras orejas, como una nota de marimba. Mi padre, Eliseo Diego, acababa de regalarme lo más preciado que aún poseo entre cielo y tierra: me enseñó a mirar". A partir de ese día, entendió la inmensidad de lo pequeño y no mató una mosca.

Dueño de una ironía tan suave que se mezclaba con la melancolía, Eliseo fue una presencia esencial entre nosotros. Guionista de cine, conocedor del bolero, poeta, novelista, ajedrecista inspirado, escribió historias donde la felicidad tenía una rara manera de sentirse cómoda. Sin embargo, su libro esencial, Informe contra mí mismo, es un doloroso ejercicio de ética literaria. Invitado a denunciar a su padre, Eliseo conoció la represión. Lejos del dogmatismo, convirtió la autocrítica en voz narrativa y recogió testimonios discordantes que prefiguran una Cuba por venir, gozosamente contradictoria.

Lo acompañé a la presentación del libro en Miami, donde algunos sectarios quisieron diferenciar a los honrosos exiliados de los ambiguos "quedaditos". Ese día (23 de noviembre de 1997) me invitó a comer al Versalles, santuario del arroz cubano en Miami. Fui a lavarme las manos y oí un estruendo en la cocina: alguien había dejado caer 50 platos. Al volver a la mesa entendí la causa: había muerto Jorge Mas Canosa, opositor a Fidel Castro en el exilio.

Con el mismo respeto con que trató los vicios y las virtudes de sus personajes, Eliseo escuchó las formas discrepantes de decir "Cuba". Abundan los isleños que son vendavales retóricos. Más escasos son los que saben escuchar. Lichi fue uno de ellos. Tras el humo de su cigarro -su cómplice y su verdugo- sonreía mientras los demás lanzaban certezas ditirámbicas.

Obtuvo el Premio Alfaguara con su novela Caracol Beach, que primero fue un guión de cine, y, con ayuda de Francisco Hinojosa, transformó un proyecto de novela en el libreto de la ópera Salsipuedes, que compuso Daniel Catán, también recientemente fallecido.

Lichi hacía memorables las reuniones sin caer en pecado de protagonismo. En casa del editor Diego García Elío lo oí recitar un soneto que celebraba la belleza interior de la mujer, incluidos los rosados alveolos de sus bronquios. En casa del pintor Carlos Pellicer López, leyó con poderío asmático Puñal de melancolía, borrador de Informe contra mí mismo. En casa del novelista Jorge F. Hernández, habló de las huelgas de hambre que anuncian la rebelión pendiente en Cuba, la de los negros.

Le gustaba lo dulce y odiaba el frío. Cuando vivió cerca de El Desierto de los Leones, hablaba de su estancia en Oslo (que pronunciaba "Ojlo"). Se movía con tranquilidad entre la ruidosa gente del cine. Le bastaban segundos para proponer un argumento que daba dos años de trabajo a los productores. Su guión más conocido, Guantanamera, fue filmado por dos grandes: Tomás Gutiérrez Alea comenzó el rodaje y Juan Carlos Tabío lo concluyó.

Cuando la enfermedad llamó a su puerta, pensó en un último ataque a la novela. "En el momento en que se acaban las fuerzas hay que escoger una biografía que ya esté casi escrita", me dijo, y agregó con satisfacción: "Ya me reservé la de Capablanca".

El ajedrecista tenía la dimensión de los floridos héroes que cautivaban a Eliseo. Dominó los tableros con la seguridad con que seducía a las mujeres, pero en 1927 perdió el título en su más larga disputa, contra Alekhin. El ruso fue el primer sorprendido del desenlace. Capablanca no se preparó para el duelo; cortejó la derrota como un héroe trágico. Se parecía a Julián Dalmau, protagonista de El retablo del Conde Eros, que anhela un último éxito teatral para ahorcarse en la primera función.

Eliseo murió el 31 de julio, a los 59 años. Lo hizo en domingo, como si no quisiera alterar las costumbres de la ciudad que tanto lo quiso.

Su primera novela lleva por título un verso de su padre: La eternidad por fin comienza un lunes. Repito lo que escribió su entrañable amigo, Jorge F. Hernández: Eliseo Alberto confirmó que la eternidad comienza un lunes.

lunes, 7 de febrero de 2011

Aristegui como sea, pero ¿y los niños?

En la secundaria a la que yo iba, la Heroica Escuela Secundaria Diurna, número 91, “República del Perú”, había seis grupos por grado escolar. Cada grupo con algo así como 40 niños de entre 11 y 16 años, en dos turnos. Digamos que en el momento de mayor tránsito, a la hora de la salida del matutino y de entrada del vespertino, había en las instalaciones y sus alrededores unos mil 400 chamacos.
Me quiero imaginar que, si en aquel entonces, o ahora mismo, hubiera un atentado perpetrado por el narco, o un error de cálculo por parte de algún elemento del Ejército y cayera una bomba en la zona, matando a la mayoría de esos niños, la sociedad civil, la organizada o no, se levantaría indignada para condenar el hecho, como si se tratara, digamos, por ejemplo, del caso de una periodista despedida por su muy imbécil jefe.
Pues bien, a finales del año pasado, la Red por los Derechos de la Infancia en México, dio a conocer que, en lo que va de la administración del Presidente Felipe Calderón, mil 95 niños han sido asesinados por las balas de la mal llamada guerra contra el narcotráfico, según lo reportó el portal www.larednoticias.com
Por desgracia, la información no alcanzó muchos espacios informativos más.
Sin embargo, el viernes pasado, la Organización de la Naciones Unidas, a través del Comité para los Derechos de los Niños, externó su preocupación por tres cosas: 1.- los más de mil niños muertos a lo largo del “conflicto”. 2.- la “falta de investigación por los crímenes perpetrados por personal militar” y 3.- porque México "no ha tomado medidas para evitar el reclutamiento de niños" por parte de esos grupos (bandas del crimen organizado, agrupaciones paramilitares y compañías de seguridad), de acuerdo con lo reportado por el portal de El Universal, en una nota que también se coló al home de otros diarios.
Al otro día, la primera plana, casi unánime, de los periódicos nacionales, mostraba los ejercicios de “entrenamiento” llevados a cabo en el Campo Militar Número 1, con motivo del “tour” que organizó la Secretaría de la Defensa Nacional por ese otrora centro de detenciones y desapariciones. La foto: un niño al que un soldado le enseña a sostener un arma. La militarización de la infancia como propaganda. El fascismo trasnochado y “sutil” del líder que unas horas después sería “linchado” por una turba (virtualmente hablando, obvio.), que supone que él mandó despedir a una periodista que comentó al aire lo conveniente que sería que Calderón aclarara si es o no alcohólico porque “en las redes sociales es algo que se comenta mucho”.
La estupidez, la patraña, el absurdo alcanzó dimensiones titánicas en las redes sociales. La estupidez, pedir a una instancia oficial que aclare un rumor. La patraña, el despido de una periodista por cometer tamaña estupidez. El absurdo, la patética reacción en las redes sociales.
Lo tristísimo, que una vez más, los mil niños muertos, la preocupación de la ONU, los mil niños muertos, insisto, pasaron a segundo plano, se olvidaron.
El esfuerzo de los muy pocos ciudadanos a los que ésta les parece indignante recuperar la información de la ONU y difundirla a partir de hoy, martes, en sus blogs, vale la pena. Una sociedad que olvida a sus niños asesinados, así haya sido poco a poco, de manera silenciosa, es una sociedad insensible.
Sí, pelear por la libertad de los individuos, debe ser una prioridad permanente. Desde el poder, la tentación de atentar contra las libertades de los ciudadanos (y hacerlo) es permanente. No permitamos que una mucho más sofisticada censura, calle los gritos ahogados de mil 59 niños que murieron desangrados o víctimas de una de las millones de balas que Calderón decidió gastar en esta inútil guerra.
¿Inútil? Sí, inútil. Mientras las drogas sigan llegando a nuestros hijos y nuestras casas, sólo se puede cantar una absoluta derrota a la estrategia calderonista. Y las drogas siguen llegando y se consumen, de hecho, cada vez más.

domingo, 1 de agosto de 2010

Vivos... los queremos vivos

Por desgracia, el lamentable secuestro de cuatro compañeros periodistas, y su posterior liberación en un “operativo” federal, deja más dudas que respuestas.

También, provocó la organización de una marcha que partirá del Ángel de la Independencia, probablemente rumbo al Zócalo capitalino, convocada por compañeros de los medios de comunicación.

En una semana histórica para la prensa (escrita, radiofónica, televisiva y por Internet), es más difícil dilucidar el “qué sigue”, aunque queda claro que nada puede seguir igual. Los últimos ocho días vimos a Ciro Gómez Leyva anunciar casi a moco tendido que no conduciría su programa y a Denise Maerker dejar la pantalla de televisión, en la señal del Canal de las Estrellas, en negros, sin transmisión de su Punto de Partida.

Decía que la semana deja demasiadas dudas y revela lo peor del centralismo mexicano, extrapolado a los medios de comunicación.

Según la poca y difusa información que han dado a conocer las propias casas editoriales, el lunes fueron levantados Óscar Solís, reportero de El Vespertino; Héctor Gordoa, de Televisa; Javier Canales Fernández, camarógrafo de Multimedios Laguna, y Alejandro Hernández Pacheco, de Televisa Torreón.

El primero en ser liberado fue, precisamente, el compañero Óscar Solís. Pero nadie lo informó, nadie supo nada. Es más, no se ha dado a conocer su paradero actual.

Después, los plagiarios liberaron a Héctor Gordoa.

Por los trascendidos, los discursos y posicionamientos editoriales de Milenio y la Maerker, muchos inferimos que Héctor había sido enviado con un mensaje: se debía transmitir cierta información, para salvar a los compañeros que quedaban retenidos.

Hasta donde se pudo entrever, Milenio Televisión sí transmitió la información, pero no fueron liberados. Denise se fue a negros y la mezquindad del gremio salió a relucir.

Mientras, por desgracia, los periodistas se volvían noticia, muchos compañeros asestaron duras y ácidas críticas en contra de la Maerker y Ciro: que el silencio no es protesta, que los medios no deberían callar, que por qué protestar en el caso de compañeros de medios nacionales y nunca movilizarse por las decenas de desaparecidos de los locales, que por qué no se hacía en casos de ciudadanos “normales”, que “ahora resulta que Televisa es ejemplo de…”. En fin. En algunos casos mezquindad. En otros, dudas razonables.

Lo que sucedió entre viernes y sábado, es de Ripley. Mientras se organizaba la protesta convocada para el próximo sábado 7 de agosto a las 12, un operativo de la Policía Federal liberaba a los compañeros de Milenio y Televisa que quedaban cautivos.

Los liberaron, pero los secuestradores huyeron.

Horas antes, el Ejército había matado al capo “Nacho” Coronel en una zona residencial de Jalisco. Coronel, como se ha reseñado en estos días, estaba ligado al cartel de el Chapo Guzmán. El mismo Chapo que mandó secuestrar a los reporteros.

Mientras lo anterior sucedía, algunos tuiteros, de los más activistas, incluyeron en las causas de la protesta a los más de 70 periodistas desaparecidos o asesinados en los últimos años, en México.

Y mientras todo lo anterior ocurría, algunos compañeros de los medios y de fuera de éstos, se preguntan y cuestionan la validez de la marcha.

Vale la pena la reflexión, porque en realidad la manifestación del sábado parece más una reunión de hartazgos que un movimiento con fines y estrategias definidas. Y quizás, de hecho, sea mejor así.

Como se ha dicho hasta el cansancio, los periodistas no somos nota (crean lo que crean los que se dedican a dar informes sobre los artistas en la televisión mexicana).

Pero, por desgracia, los periodistas se han vuelto nota, como consecuencia (daños colaterales, dirían Bush y su aprendiz idiota, Felipe Calderón) de la supuesta “Guerra contra el narco”.

Ahora, la condición de periodista no le quita a uno la de ciudadano.

Me parece que es sano apoyar un esfuerzo de reunión y unión que, de entrada, tiene una sola consigna: “Los queremos vivos”.

Seguro que muchos aprovecharán para condenar al “mal gobierno”, y están en su derecho. Pero no podemos olvidar que México se ha convertido en uno de los países más peligrosos para ejercer la profesión. Nadie espera que se nos dé un trato particular. El peligro es uno de los motivos que atraen a muchos que escogen ser periodistas.

Pero la crisis de la semana pasada reveló un nuevo paradigma en la relación de los medios de comunicación, no con la información, sino con uno de los bandos de la guerra de Calderón: el narco.

El narco que impone su Ley en muchas redacciones locales, que silencia y que ahora busca tomar rehenes para enviar mensajes.

Es un paradigma que no se puede volver costumbre. Es un límite que debemos impedir que vuelva a ocurrir. Por eso es importante no olvidar a las decenas de compañeros, periodistas, sí, pero también padres, hijos, tíos, primos, sobrinos, amigos… ciudadanos, al fin, que han muerto o han sido levantados en los últimos años.

Es importante recordarle al Estado que su obligación es salvaguardar la seguridad de los ciudadanos. Es importante que les quede claro a todos, gobiernos, legisladores, dueños y directivos de los medios de comunicación: “Los queremos vivos”.


Por cierto: ¿El operativo en contra de Nacho Coronel tuvo que ver con el secuestro e los reporteros? ¿Dónde está el compañero Oscar Solís? ¿Cómo es que huyeron los plagiarios? ¿Qué fue, exactamente, lo que intentaban dar a conocer los secuestradores? ¿Por qué fue Denise Maerker la que coordinó las decisiones con directivos de medios? ¿Por qué no estuvo involucrada la autoridad?

martes, 13 de julio de 2010

El Universal y la Ciencia

Twitteaba yo que en el portal de El Universal subieron una nota donde reseña un estudio publicado por la Universidad de Cornell que refuta la teoría de que existe una supuesta estrella enana roja invisible en nuestro sistema solar.
El argumento de los científicos, Adrian L. Melott del departamento de Física y Astronomía de la Universidad de Kansas y Richard K. Bambach del departamento de Paleobiología del Smithsoniano Museo Nacional de Historia, responde a un artículo publicado en la década de los 80, en la revista Nature, que sostiene la hipótesis de que nuestro Sol podría formar parte de un sistema binario.
Los sistemas solares binarios son aquellos compuestos por dos estrellas que recorren juntas la galaxia, por explicarlo de manera más que simplista.
Bien, de acuerdo con aquel estudio ochentero, nuestro Sol podría tener un acompañante, a la que bautizaron con el nombre de Némesis, la diosa griega que castigaba a aquellos que no obedecían y a los hijos desobedientes (o sea, hubiera hecho pedacitos chiquitos del chaparrito de lentes).
Esta estrella, que posiblemente sería una enana marrón, según el estudio de R.A. Muller, físico de la Universidad de Berkeley, Piet Hut y Mark Davis, físicos también, pero de la Universidad de Princeton, debería tener una órbita enorme que pasaría cerca de la nube de Oort cada 26 a 34 millones de años.
La nube de Oort es una formación esférica de cometas y asteroides que se encuentra a casi un año luz del Sol.
De acuerdo con Muller, Hut y Davis, cada que Némesis pasa por Oort, desestabiliza el sistema de asteroides y cometas y lanza algunos al interior del Sistema Solar, lo que habría provocado (y lo seguirá haciendo, según la teoría) la extinción masiva de especies en la Tierra cada dos decenas de millones de años.
Pues bien, la nota esta que publicó el Universal, trata sobre un estudio que refuta lo anterior, con un argumento (entre otros) más o menos lógico (a saber si científicamente probable): la misma periodicidad de Némesis se autorrefuta, ya que el desgaste gravitacional (por decirlo de alguna manera) a lo largo del tiempo, habrían provocado que esta periodicidad cambiara, ya sea alargándose o recortándose.
Bueno, pues todo lo anterior, El Universal lo destrozó de la siguiente manera: “Cada 27 millones de años la Tierra sufre un cataclismo”.
Y es por lo anterior que muchos aspirantes a comunicadores deberían de aprender a leer.
Y es esto lo que no me cabía en Twitter.

miércoles, 7 de julio de 2010

La otra España...

Burgos es una de esas ciudades españoles que suenan a medieval. De las que seguro recorrió el Cid Campeador. De esas que seguro están empedradas de historia, con callejuelas que huelen a antigüedad, a humedad adoquinada.

Y sí, Burgos es todo eso. Como ciudad, fue fundada junto con el Castillo que se erigió en el año 884, por órdenes del rey Alfonso III, quien envió al conde Diego Porcelos a levantar una fortificación que detuviera el avance musulmán.

Pero mucho antes que eso, la zona donde hoy se encuentra la ciudad fue el paraje en el que numerosos y diversos grupos de los primeros humanos –y algunos de los primos hermanos- se asentaron.

Hay una zona en específico, la de la Sierra de Atapuerca, a unos cuantos kilómetros de la ciudad, donde se encuentra uno de los yacimientos más importantes de fósiles de homínidos del planeta.

Durante siglos, Burgos fue conocida como una ciudad de caballeros y monjes. Al ser un punto tan importante de paso al País Vasco y Francia, siempre estuvo fortificada y protagonizó muchos de los momentos más importantes de la historia de España, como puesto militar.

Además, en ella se erigen la majestuosa Catedral de Santa María de Burgos, cuya edificación inició en el 1221, y del Monasterio de Santa María la Real de Las Huelgas, fundado en 1189, por el Rey Alfonso VII de Castilla.

Fue, allá, en Burgos donde los Reyes Católicos, Fernando e Isabel, firmaron las primeras Leyes –que llevan el nombre de la ciudad- con las que se regirían sus nuevas posesiones allende el océano Atlántico.



Por eso, el olor a batalla, a historia, a viejo, es una de las primeras impresiones mentales para los que sabemos que España es más que la Puerta de Alcalá y el Real Madrid o el Barcelona.

Sin embargo, este mes, esa percepción cambiará de manera definitiva y radical. En julio de este 2010, se inaugura en esa capital medieval el Museo de la Evolución Humana, un colosal esfuerzo que involucró lo mismo a científicos que a políticos de derecha e izquierda, de los tres niveles de gobierno ibérico.

La iniciativa fue impulsada en el ocaso del Siglo XX, por el entonces alcalde socialista de la ciudad, Ángel Olivares, y ha sido adoptada por el del Partido Popular que ha gobernado la ciudad, de no más de 200 mil habitantes desde 2003, Juan Carlos Aparicio.

Muchos millones de euros después, este museo, más un centro de investigaciones y uno de convenciones, se preparan para abrir sus puertas y redenominar a una de las ciudades más emblemáticas de España.

Sería emocionante observar una reconstrucción, una reingeniería de esta magnitud en ciudades que han sido asoladas por la violencia, como Ciudad Juárez, Tijuana, Ciudad Reinosa, Tampico o Monterrey.

Una reconcepción del ser ciudad y del ser ciudadano con base en la ciencia, la cultura y la investigación.

Un esfuerzo similar no se ha visto en este lado del mundo desde la década de los 60, cuando se planeó el crecimiento de la capital del país, con Metro, Periférico, Ejes viales, museos, universidades, politécnicos, preparatorias y demás construcciones que hoy siguen dándole rostro, orgullo y vitalidad no solo al DF, sino a todo el país.

Claro, para eso habríamos de estar gobernados por seres humanos que se atrevieran a hojear El País Semanal (donde se publica un amplio reportaje del MEH, esta semana), en lugar de la Biblia. Tendríamos que estar gobernados por estadistas, no por los trogloditas que resuelven sus problemas a balazos.